Es martes. 10:47 a.m.
Estás en tu tercer café de la semana—o tal vez del día, ya perdiste la cuenta.
Sacas tu laptop, tus audífonos, y justo cuando te preparas para esa reunión importante, pasa lo de siempre:
Entras al local.
TUS GAFAS SE EMPAÑAN COMPLETAMENTE.

Quedas ciego cinco segundos que se sienten como una eternidad. La gente te mira.
El mesero espera tu orden. Y tú ahí, limpiando desesperadamente con la camiseta mientras intentas no verte como un desastre.
Después de eso, te sientas junto a la ventana porque “la luz natural es mejor para los ojos.”
GRAN ERROR.
Porque ahora el reflejo de la ventana en tu pantalla es tan fuerte que no ves ni las letras del correo que estás escribiendo. Ajustas la posición. Inclinas la pantalla. Nada funciona.

Te quitas las gafas un momento para ver si mejora.
Y claro que mejora…
ero ahora tienes que acercarte tanto a la pantalla que pareces topo tratando de leer el menú.
Dos horas después, la frente te duele. Los ojos te arden.
Y esa presentación que “solo iba a tomar una hora” todavía está a medio terminar.
Te preguntas:
¿Por qué algo tan simple como ver bien tiene que ser tan complicado?
El problema que nadie te está diciendo (porque no saben que existe)
Aquí está la verdad incómoda:
Tus gafas no están diseñadas para tu vida.
Fueron pensadas para alguien que trabaja en una oficina con clima controlado, luz estable, y una silla fija por 8 horas.
Pero tú no vives así.
Tu “oficina” cambia tres veces al día. A veces es un café con aire acondicionado a full. A veces es el sofá de tu casa. A veces es el TransMi camino a una reunión.
Pasas de ambientes fríos a calientes en segundos. De interiores oscuros a exteriores brillantes. De pantalla a pantalla a pantalla.
Y tus gafas (esas que pagaste $400.000 o más) simplemente no pueden seguirte el ritmo.
El resultado:
- Productividad arruinada por distracciones constantes
- Dolor de cabeza que no se va
- Y esa sensación de que algo tan básico como tus gafas se convirtió en otro problema más que resolver
Las 3 mentiras que te vendieron cuando compraste tus últimas gafas
Mentira #1: “Con estas gafas vas a estar perfecto”
Perfecto para qué, exactamente.
Porque la óptica te hizo el examen en un cuarto con luz artificial perfecta, temperatura controlada, y sin ninguna de las condiciones reales en las que vas a usar esas gafas.
Te probaste la montura mirándote al espejo dos minutos. Te dijeron “te queda bien” y listo.
Nadie te preguntó:
- ¿Dónde trabajas realmente?
- ¿Cuánto te mueves durante el día?
- ¿Te sudan las gafas cuando caminas bajo el sol bogotano?
- ¿Se te resbalan cuando te agachas a sacar algo de tu morral?
Porque esas preguntas no están en el script de venta.
Mentira #2: “El tratamiento antirreflejo está incluido”
Sí, está incluido. El antirreflejo básico. Ese que se raya con solo mirarlo feo.
Pero el antirreflejo que realmente necesitas.
El que elimina los reflejos molestos de ventanas, pantallas y luces LED ese cuesta extra.
Y como nadie te explicó la diferencia, terminaste pagando por algo que no resuelve tu problema real.
Mentira #3: “Estas monturas son resistentes”
Resistentes hasta que las guardas mal una vez en tu morral y se tuercen.
O hasta que se te caen en el bus y el plástico se parte.
O hasta que después de tres meses de ponértelas y quitártelas diez veces al día, las bisagras empiezan a aflojarse.
Y cuando vas a reclamar, te dicen: “Es por mal uso.”
Traducción: te vendimos algo frágil y ahora es tu culpa.
Lo que realmente necesitas (y nadie te está ofreciendo)
Déjame presentarte un concepto que ninguna óptica en Bogotá está usando:
Gafas diseñadas para tu contexto, no para su vitrina.
Porque tus necesidades son completamente diferentes a las de alguien que trabaja en una oficina fija. Y las gafas que funcionan para ellos no van a funcionar para ti.
Aquí está lo que realmente importa cuando tu vida es movimiento constante:
1. Resistencia real, no promesas de marketing
Necesitas monturas que aguanten:
- Entrar y salir de tu morral cinco veces al día
- Cambios bruscos de temperatura
- Sudor (sí, sudar es normal cuando caminas 20 minutos bajo el sol para llegar al café)
- Caídas accidentales
Esto significa: materiales flexibles pero duraderos. Bisagras de metal, no plástico. Diseño que se ajusta bien a tu cara sin depender de ajustes constantes.
Las monturas frágiles no son una opción. Son un gasto doble esperando a suceder.
2. Anti-empañamiento que funcione de verdad
Ese momento de entrar a un lugar caliente y quedarte ciego no es “normal.”
Es completamente evitable con el tratamiento correcto.

Pero aquí está el detalle: el anti-empañamiento básico dura tres semanas. Después se lava y vuelves al mismo problema.
Lo que necesitas es un tratamiento de alta calidad que realmente resista el uso diario. Que no se vaya con el primer lavado.
Que funcione en Bogotá, donde la temperatura cambia 10 grados entre la mañana y la tarde.
Si trabajas en cafés, cerca de ventanas, o te mueves entre interiores y exteriores, el reflejo en tus lentes es tu enemigo silencioso.
Te obliga a ajustar constantemente la posición. Te genera cansancio visual. Te hace perder concentración cada dos minutos.
Un antirreflejo premium elimina hasta el 99% de los reflejos.
Ves claramente en cualquier condición de luz. Y tu productividad.
4. Lentes fotocromáticos (el secreto mejor guardado)
Aquí está algo que nadie te dice:
Si pasas de interiores a exteriores constantemente, cargar dos pares de gafas (uno normal y uno de sol) es un dolor de cabeza.
Se te olvidan. Las confundes. Gastas el doble.
Los lentes fotocromáticos se oscurecen automáticamente cuando sales al sol. Y vuelven a aclararse cuando entras.
Un par de gafas. Todas las condiciones.

Sí, cuestan más. Pero si haces la cuenta de lo que gastarías en dos pares de gafas de calidad, te das cuenta de que en realidad estás ahorrando.
5. Ajuste personalizado a tu rutina real
Esto es lo que más se ignora:
Cada persona tiene una forma diferente de usar las gafas. Y si tu montura no está ajustada a TU cara y TU movimiento, vas a tener problemas.
Las gafas no deberían:
- Resbalarse cuando caminas rápido
- Dejarte marcas en la nariz después de dos horas
- Apretarte las sienes
- Moverse cuando hablas o te ríes
Pero la mayoría de las ópticas hacen un “ajuste rápido” que dura cinco minutos y nunca más te vuelven a revisar.
Eso no es ajuste. Es improvisación.
La prueba de las gafas perfectas para tu vida
Antes de comprar tu próximo par de gafas, hazte estas preguntas:
¿Se empañan cuando entras a lugares calientes? → Si la respuesta es sí, el tratamiento anti-empañamiento no está funcionando.
¿Ves reflejos molestos en tu pantalla o en ventanas? → Si la respuesta es sí, el antirreflejo es básico y no sirve para tu contexto.
¿Se te resbalan o te incomodan después de usarlas varias horas? → Si la respuesta es sí, el ajuste está mal o la montura no es la correcta para tu cara.
¿Has tenido que repararlas o ajustarlas más de dos veces en seis meses? → Si la respuesta es sí, la calidad de la montura es mala.
¿Puedes ver claramente tanto adentro como afuera sin cambiar de gafas? → Si la respuesta es no, estás perdiendo tiempo y dinero con dos pares cuando podrías tener solo uno.
Por qué la mayoría de las ópticas no te pueden ayudar (aunque quisieran)
Aquí está el problema estructural:
La mayoría de las ópticas están optimizadas para vender rápido y en volumen.
Entras. Te hacen un examen estándar. Te muestran cuatro monturas. Te venden la que tienen en descuento. Sales en 30 minutos.
No hay tiempo para preguntas reales.
No hay conversación sobre tu rutina diaria. Sobre dónde trabajas. Sobre qué te frustra de tus gafas actuales.
Y definitivamente no hay seguimiento después de la venta para verificar que todo esté funcionando bien.
Es un modelo industrial aplicado a algo que debería ser completamente personalizado.
El resultado: Gafas que “técnicamente funcionan” pero que no resuelven tu vida real.
Cómo elegir las gafas correctas (la primera vez)
Aquí está el proceso que deberías seguir—y que casi ninguna óptica te va a ofrecer:
Paso 1: Una conversación real antes del examen
Antes de mirar cualquier montura o hacer cualquier prueba, necesitas hablar con alguien que entienda tu contexto.
No un vendedor. Un profesional que te haga preguntas como:
- ¿Dónde pasas la mayor parte de tu día?
- ¿Te mueves mucho entre diferentes lugares?
- ¿Qué te molesta de tus gafas actuales?
- ¿Cuántas horas pasas frente a pantallas?
Porque sin entender tu vida, no se puede recomendar la solución correcta.
Paso 2: Examen completo que considere tu uso real
No solo medición de graduación. Un examen que evalúe:
- Cómo tus ojos responden al cambio de distancias
- Si hay fatiga visual acumulada
- Si necesitas corrección para trabajo de cerca vs. distancia
- Cómo está tu salud visual general
Paso 3: Selección de montura basada en función, no solo en estética
Sí, las gafas tienen que verte bien. Pero primero tienen que funcionar bien.

Esto significa:
- Material adecuado para tu nivel de actividad
- Peso correcto para uso prolongado
- Ajuste que no dependa de constantes reparaciones
- Diseño que se adapte a tu cara, no al revés
Paso 4: Tratamientos específicos para tu contexto
No “el paquete estándar.” Los tratamientos que realmente necesitas basado en tu rutina.
Si te mueves mucho: anti-empañamiento premium. Si trabajas cerca de ventanas: antirreflejo de alta calidad. Si entras y sales constantemente: fotocromáticos.
Paso 5: Ajuste real y seguimiento
El ajuste no es un evento único. Es un proceso.
- Primera semana: verificar que todo esté cómodo
- Primer mes: revisar si hay que hacer ajustes finos
- Cada tres meses: mantenimiento preventivo
Así es como se hace bien.
Por qué en Óptica Newton hacemos esto diferente
No te voy a mentir diciéndote que somos la única óptica en Bogotá que puede venderte gafas.
Pero sí somos de las pocas que realmente entienden que tu vida no es una oficina fija.
Cuando llegas a Óptica Newton, no empieza con “¿cuál montura te gusta?”
Empieza con una conversación real.
Sobre tu trabajo. Tu rutina. Tus frustraciones con tus gafas actuales.
Porque necesitamos entender tu contexto antes de poder recomendarte algo.
Y después de eso:
- Examen completo sin prisa
- Selección de montura basada en función y estética
- Recomendación honesta de tratamientos (solo los que necesitas)
- Ajuste personalizado a tu cara y tu movimiento
- Seguimiento real después de la venta
No es más caro. Es simplemente hacerlo bien.
Y la mejor parte es que cuando sales de aquí con tus gafas nuevas, no es el final de la relación.
Es el principio.
Porque si algo no funciona perfectamente, vuelves. Sin costo. Sin preguntas. Ajustamos hasta que esté perfecto.
Así deberían funcionar todas las ópticas. Pero no lo hacen.
¿Listo para gafas que realmente funcionen para tu vida?
Mira, puedes seguir usando las gafas que tienes ahora.
Puedes seguir limpiándolas cinco veces al día cuando se empañan.
Puedes seguir ajustándolas cada vez que se resbalan.
Puedes seguir perdiendo concentración por los reflejos molestos.
O puedes hacer algo diferente.
Ven con todas tus frustraciones. Cuéntanos qué no funciona.
Y te vamos a mostrar exactamente lo que necesitas, no lo que queremos venderte.
Con precios claros desde el principio. Sin sorpresas. Sin presión.
Solo una conversación honesta sobre cómo hacer que ver bien sea lo más fácil de tu día.
O pasa por Óptica Newton en Ac 53 #70d-28 local 2, Engativá, Bogotá.
[📸 IMAGEN: Foto exterior de Óptica Newton con indicaciones claras de ubicación]
P.D. Aquí está la pregunta real
¿Cuánto te está costando tener las gafas equivocadas?
No solo en dinero… Aunque comprar dos o tres veces porque las anteriores se rompieron ya suma bastante.
Sino en tiempo perdido. En productividad arruinada. En frustración diaria.
Haz la cuenta honesta. ¿Cuántas horas a la semana pierdes lidiando con problemas que no deberías tener?
Y ahora multiplica eso por tu valor por hora.
Las gafas correctas no son un gasto. Son una inversión en tu productividad.
¿Cuándo vas a hacer esa inversión?